Proyectos inmobiliarios, obras y reformas urbanas se erigen sobre áreas protegidas en PBA. Fallos y denuncias exponen las tensiones del cuidado ambiental frente a los desarrollos urbanos.
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El avance de desarrollos inmobiliarios, obras y cambios normativos volvió a poner en tensión la protección ambiental en la provincia de Buenos Aires. En distintos puntos del territorio bonaerense, fallos judiciales, denuncias vecinales y conflictos abiertos exponen un patrón común: iniciativas que avanzan, o intentan hacerlo, sobre áreas sensibles sin cumplir plenamente con los requisitos legales y ambientales.
En la costa atlántica, la disputa en Villa Gesell por proyectos como “Saint Thomas” y “Solanas” evidenció los límites del poder municipal frente a la normativa provincial. La Suprema Corte bonaerense ratificó restricciones sobre la franja costera protegida, en un contexto de erosión de dunas y deterioro de acuíferos. En Mar del Plata, casos como Punta Cantera y el proyectado “Alto La Sierra” evidenciarion hasta que punto avanzan este tipo de proyectos sin declaraciones de impacto ambiental y estudios considerados insuficientes por vecinos.
En el norte bonaerense, la paralización del puerto en Costa Pobre (Ramallo) y la continuidad de la cautelar sobre el Ecoparque de San Nicolás refuerzan la centralidad del principio precautorio frente a riesgos de daño irreversible en humedales y ecosistemas ribereños. A esto se suman reformas urbanísticas como la impulsada en San Isidro, que habilita mayor densificación en zonas específicas y genera críticas por su potencial impacto territorial y ambiental. Aunque no siempre se trata de grandes emprendimientos, la falta de control estatal también habilita procesos de ocupación en áreas protegidas, como ocurre en el Parque Pereyra Iraola.
Uno a uno, los casos reflejan una disputa estructural entre desarrollo urbano, intereses económicos y preservación ambiental.